Una investigación analizó cómo ciertos estímulos sonoros influyen en la arquitectura del sueño. Qué cambios se observaron en etapas clave del descanso, cómo se evaluaron estos efectos y por qué los especialistas sugieren cautela.
Dormir con sonidos de fondo se volvió una práctica habitual en todo el mundo. Aplicaciones, dispositivos y videos que reproducen lluvia, viento o ruido rosa acompañan a millones de personas cada noche con la promesa de facilitar el descanso. Sin embargo, una investigación reciente sugiere que esta costumbre podría no ser tan inofensiva como parece y que, en ciertos casos, incluso podría interferir con etapas clave del sueño.
Un estudio realizado por la Facultad de Medicina Perelman de la Universidad de Pensilvania, publicado en la revista científica SLEEP, encontró que el ruido rosa puede reducir la fase REM del sueño y alterar su calidad general. El hallazgo pone en cuestión el uso extendido de sonidos continuos durante la noche y alerta sobre posibles riesgos, especialmente para niños y personas más vulnerables.
Según explica la Cleveland Clinic, se trata de un tipo de sonido que, al igual que el ruido blanco, contiene todas las frecuencias audibles, pero con mayor intensidad en las frecuencias bajas y menor presencia de las más agudas. Esto lo vuelve más grave y suave para el oído humano, similar a sonidos naturales como una lluvia constante, una cascada o el murmullo del mar.
Por esta razón, muchas personas lo utilizan para dormir: el ruido rosa puede ayudar a enmascarar ruidos intermitentes del entorno —como el tránsito, conversaciones lejanas o portazos— y generar una sensación de sonido estable que facilita conciliar el sueño, sobre todo en ambientes urbanos.
La investigación se llevó a cabo en el laboratorio del sueño de la Facultad de Medicina Perelman y estuvo dirigida por Mathias Basner, profesor de Psiquiatría y Cronobiología del Sueño. Durante siete noches, los científicos analizaron el descanso de 25 adultos sanos, de entre 21 y 41 años, que no padecían trastornos del sueño ni utilizaban habitualmente sonidos para dormir.
Los participantes fueron expuestos a distintas condiciones nocturnas: ruido de aviones, ruido rosa, una combinación de ambos y noches utilizando tapones para los oídos. Al despertar, completaron cuestionarios sobre la calidad percibida del descanso y realizaron pruebas para evaluar su nivel de alerta y atención.
El sueño se organiza en ciclos que incluyen el sueño profundo (fase N3) y el sueño REM, una etapa fundamental para la consolidación de la memoria, la regulación emocional y el desarrollo cerebral, especialmente durante la infancia. Alterar estos ciclos puede provocar sensación de cansancio, dificultad para concentrarse y un descanso poco reparador.
Según el estudio, la exposición al ruido de aviones redujo en promedio 23 minutos el sueño profundo por noche. En cambio, el uso de tapones evitó en gran medida esa pérdida. Cuando los participantes durmieron únicamente con ruido rosa, reproducido a unos 50 decibelios —similar al sonido constante de una lluvia moderada—, se registró una reducción cercana a 19 minutos en la fase REM.
En la práctica, esto equivale a dormir la misma cantidad de horas, pero despertarse menos renovado, con mayor sensación de cansancio o dificultad para concentrarse al día siguiente.
La combinación de ruido de aviones y ruido rosa resultó la más perjudicial: los voluntarios pasaron menos tiempo tanto en sueño profundo como en REM y permanecieron despiertos unos 15 minutos más por noche. Además, describieron el sueño como más liviano, con más despertares y peor calidad general, salvo cuando utilizaron tapones para los oídos.
Basner advirtió que reproducir ruido rosa y otros sonidos de banda ancha durante el sueño podría ser perjudicial, especialmente para los niños, que pasan más tiempo en esta fase y cuyos cerebros aún están en pleno desarrollo.
El uso de sonidos ambientales para dormir es masivo. Según los investigadores, millones de personas recurren cada noche a ruido rosa o blanco mediante aplicaciones y plataformas digitales. Solo en Spotify, las listas y pódcast de sonidos para dormir suman alrededor de tres millones de horas de escucha diarias. En YouTube, los cinco videos más populares de “ruido blanco” superan en conjunto las 700 millones de visualizaciones.
Sin embargo, los especialistas advierten que la evidencia científica sobre los efectos a largo plazo de estos sonidos es limitada. Esto resulta especialmente relevante en el caso de bebés y niños pequeños, ya que muchas familias colocan máquinas de sonido cerca de la cuna sin conocer cómo estos estímulos pueden influir en el descanso y el desarrollo neurológico.
Desde la Facultad de Medicina Perelman recomiendan extremar la precaución con el uso prolongado de sonidos continuos durante la noche. Si el objetivo es proteger el descanso frente a ruidos externos, alternativas simples como los tapones para los oídos podrían resultar más eficaces y menos invasivas que mantener un sonido artificial constante.
Los investigadores destacan la necesidad de realizar más estudios sobre el uso prolongado de ruido rosa, los distintos tipos de sonidos y los niveles seguros de exposición antes de emitir recomendaciones definitivas. Mientras tanto, aconsejan limitar su uso, especialmente en niños y personas sensibles a la fragmentación del sueño.
Fuente: Infobae
Radio La Nueve 99.3 Mhz 9 de Julio Corrientes