
El ingeniero electroindustrial José Sesma aseguró que el proyecto del segundo puente Chaco – Corrientes lleva más de 35 años de postergaciones. Advirtió que una obra solo vial no resolverá los problemas logísticos, ni permitirá integrar a la región a los corredores bioceánicos del Mercosur.
El debate por la construcción del segundo puente entre Corrientes y Chaco volvió a tomar impulso en los últimos días y se reavivó una discusión que lleva más de tres décadas.
El ingeniero José Sesma, especialista en infraestructura y conocedor histórico del proyecto, repasó los antecedentes y remarcó la necesidad de avanzar con una obra de carácter ferrovial, que permita una verdadera integración regional.
El especialista señaló: “Estamos hablando de un proyecto que tiene 35 años, va a cumplir 36 este año. Ya a fines de los años 80 y principios de los 90 se planteaba la necesidad de un segundo puente Chaco – Corrientes”, recordó Sesma. Así, señaló que los primeros impulsos surgieron durante la gobernación de José Antonio “Pocho” Romero Feris, cuando incluso se realizaron estudios de impacto ambiental y preproyectos ejecutivos.
Según explicó, el proyecto tomó fuerza en la década del 90 y llegó a tener instancias concretas: “En el año 2001 se llamó a licitación pública nacional e internacional para un puente ferrovial. Si no fuera por la crisis económica, en 2003 ya tendríamos el segundo puente construido”.
Sesma advirtió que los planteos actuales, centrados en un puente exclusivamente vial, resultan insuficientes para las necesidades de la región. “Un puente vial solo une dos capitales de provincia. No sirve para un corredor bioceánico, que es lo que realmente necesita el Mercosur y el norte argentino. El segundo puente debe ser ferrovial”, afirmó.
En ese sentido, subrayó que la infraestructura debe pensarse de manera estratégica: “Las obras de infraestructura preceden al desarrollo. Si el puente no es dual, vial y ferroviario, no genera el impacto productivo que necesitamos”.
El ingeniero también hizo referencia a los costos de la obra y a las alternativas de financiamiento internacional. Indicó que, mientras un puente vial hoy demandaría cerca de mil millones de dólares, la incorporación de la componente ferroviaria implicaría un costo adicional considerablemente menor. “La parte ferroviaria representa aproximadamente un cuarto del costo vial”, explicó.
Además, destacó la posibilidad de acceder a fondos del Mercosur: “Existe el FOCEM, un Fondo de Convergencia Estructural que puede financiar hasta el 85% de la obra de manera no reintegrable. Eso reduciría enormemente el esfuerzo económico de la Nación y las provincias”.
Sesma remarcó que el actual puente General Belgrano se encuentra saturado. “Hoy circulan entre 20.000 y 25.000 vehículos diarios, de los cuales alrededor de 5.000 son camiones. La necesidad operativa de un segundo puente existe desde hace décadas”, sostuvo.
Insistió en que la obra debe pensarse como parte de un esquema mayor de integración regional. “No se trata solo de ir de Corrientes a Resistencia. Se trata de integrar al norte argentino a los corredores bioceánicos, de conectar Brasil con los puertos del Pacífico y de generar desarrollo real para nuestras provincias”, concluyó.
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